De las Rebeliones cotidianas 1
La vida de oficina suele otorgarle a ciertos actos (menores fuera de su ámbito), un dulce aroma a insurrección, a emocionante travesía, cuando son cometidos en su entorno. Un inocente juego de solitario entre balance y balance, tiene un tinte de aventura insoslayable, el navegar por Internet buscando cosas no relacionadas con el trabajo, tiene el atractivo gusto de lo prohibido.Lo más destacable es que esos actos, la mayoría de las veces, son cosas que uno no haría fuera del trabajo. Así es como puede uno encontrarse con serios señores atrapados por un juego de gusanitos y manzanas. La razón es que ese juego de cartas virtual, esa navegación por la Web no expresan las ganas de jugar o de explorar la red de redes: en realidad son simples instrumentos de evasión, un intento de ignorar ese ambiente normalmente opresivo y rutinario.
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