El Hombre medianamente calvo y los rapaces
Mariano - 11-05-2004 17:54:54 | Categoria: Cuánto cuento
En una oficina del Centro de Buenos Aires, un hombre medianamente calvo, que lleva una corbata verde, tipea, por quinta vez en su computadora, un informe que se resiste a tomar forma. Si el monitor fuese de papel, seguramente ya sería un bollo bastante parecido a una esfera dentro del tacho de chapa que lleva las iniciales de la empresa. Incluso, si la empresa fuera de papel, él ya la habría abollado y tirado en un cesto o cortado en mil pedacitos que luego se irían volando en bandada por cualquier ventana. Es que está un poco harto de vivir siempre el mismo día durante toda la semana. Si el almanaque no se empecinara en ponerle nombres diferentes, este señor juraría que tiene cinco lunes a la semana.Cerca de su escritorio se oyen las voces de dos jefes, aunque no alcanza a entender lo que dicen: las voces hacen rulos en el aire y atraviesan los cuatro biombos que lo encajonan, pero solo llega el sedimento. Los jefes parlotean despreocupados, son dos chorlitos subidos a un árbol, aunque ellos creen ser dioses que tocan la cítara en su Olimpo. Las labores que realiza esta gente son un misterio, aunque sí sabe el señor medianamente calvo a qué intereses responden. A veces le toca ver cómo un jefe menor sube al árbol y se sienten graznidos, otras veces por el bosque de la Oficina llega algún pájaro de gran tamaño con sus plumas de colores y se sienten cotorreos y revuelo y se ve como tiembla la rama donde estan posados.
Hay oportunidades en que el señor medianamente calvo no presta atención a todos esos rituales, pero otras veces se detiene a pensar y le asalta la gran duda: ¿la rutina convirtió en eso a los jefes o solamente les corrió el velo y los terminó desnudando de toda lógica? ¿Es que un buen sueldo tiene suficientes vitaminas para hacer olvidar que uno está vivo y que no es inmortal?¿Acaso tienen tanta pobreza como para ofrendarle el alma a la primer empresa que se las quiera comprar?¿Esa gente tiene sueños, tiene fantasías?
Cuando esas dudas asaltan su mollera casi desnuda, el hombre se levanta de su oficina y se va a tomar un café, se aleja un poco del árbol, no sea que con alguna opinión desde las alturas los jefes (con sus camisas arrugadas, a colores) le manchen la camisa limpia y lozana.
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