Abstracciones
Mariano - 21-06-2004 01:44:36 | Categoria: Cuánto cuento
Resulta que un Oficinista, que deseaba con urgencia misericordiosa que llegaran sus vacaciones, puso como fondo de pantalla en el monitor de su computadora una foto de un atardecer en el mar: El sol se hallaba a mitad de camino entre el ábside del cielo y los primeros escalones de la mar.Un día, tratando de escaparse de la ensordecedora marimba de ires y venires, tomó sus dos manos, las curvó hasta formar una especie de binocular y las apoyó sobre sus ojos. De esa manera solo podía ver el atardecer, prescindiendo del monitor, de su escritorio, de sus compañeros, y de toda la oficina.
Largo rato quedó el hombre mirando, embelesado por esa vista exótica y profúndamente natural. Poco a poco los sonidos que lo rodeaban fueron desapareciendo a merced del ruido de olas que iban y venían en su imaginación y que se hacían cada vez más fuertes, más sonantes. Comenzaron a aparecer sonidos nuevos: a lo lejos unos tambores, más cerca el murmullo sosegado y placentero de otras personas, desde la izquierda una música que invitaba a bailar. Desde la derecha, aún crepitaban algunos sonidos de la oficina, pero cada vez más débiles, hasta que desaparecieron...
Entonces el sol empezó a bajar, las luces del cielo se tornaron de un violeta majestuoso, mientras nubes naranjas se quedaban con los últimos girones de sol. La música se hizo más fuerte, más cadenciosa, más provocante: sonaban timbales con su sonido seco y agudo. Se sintieron risas y, de pronto, aplausos. El oficinista bajó sus manos, vio sus pies enterrados en la arena, a su costado un vaso con un trago fresco. Miró hacia donde venían los aplausos, allí vio cinco mujeres bailando con sus caderas vestidas por faldas de hojas de palmera y sus pechos cubiertos por las largas cabelleras. Sin más se levantó y se dirigió hacia allí. Ni siquiera recordó a su Oficina y tampoco se preguntó dónde estaba.
Comentarios (0) - Referencias (0)

