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Cavilaciones

Ponga treinta centavos en la ranura

Rebelarse para revelarse

Ser siempre engranajes no sirve para nada. Es más: hay que saber diferenciar entre el respeto por los derechos de los demás (base de toda sociedad) y el simple hecho de seguir las normas sociales de forma mecánica. La desobediencia, más que un camino alternativo, muchas veces es una necesidad. No todo lo que la ley indica es algo bueno y en Latinoamérica en su conjunto hemos comprobado que se han llevado a cabo prácticas, completamente amparadas por la legalidad pero, profundamente deshonestas.
La desobediencia es una forma de decir “basta”, quizá hasta sea una forma embrionaria de la rebelión. Podríamos decir que la desobediencia es parar el giro del engranaje y que rebelarse es directamente hacerlo saltar, destacarlo de los otros engranajes que siguen girando y girando. Así también podemos, entonces, ver que “rebelarse” es una forma de “revelarse” de “mostrarse” al mundo y decir “este soy yo y quiero expresar mi desacuerdo”.
Cuando hablo de rebelión no hablo de empuñar un arma y salir por las calles para hacer la revolución; hablo de algo más revolucionario todavía: en vez de buscar cambiar el horizonte hablo de caminar hacia el cambiando las cosas que están a nuestro paso. Hablo de animarse a desobedecer desde las “pequeñas cosas” para quizá algún día cambiar las más grandes.

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