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Cavilaciones

Ponga treinta centavos en la ranura

Las emociones de los jefes

Los jefes de mi oficina son seres que van por la vida en un estado de excitación prácticamente continuo. Responden efusivamente a chistes malísimos que se hacen entre ellos, van y vienen a los gritos llamándose por apodos que indican una falsa confianza (una confianza transgénica). Pareciera que tienen inflamada la emotividad, o tal vez demasiado vacías sus vidas.
Se los puede oír hablar con fruición de ir a tomar mate a casa de tal o cual de ellos, y yo me pregunto de qué deben hablar, y hasta siento cierta pena, porque parecen chiquillos, en tanto que tienen una cierta inocencia malévola y porque parecen ancianos sin amigos, que buscan recrear la amistad juntándose a recordar con otros viejos desconocidos.
Hay una jefa que corre todo el tiempo, va y viene, se la ve rumorosa y hasta exultante. Parece esas personas asiáticas, que muestran los documentales, que van y vienen corriendo llevando atrás una calesa (esos carros para llevar gente tirado por gente). En mi barrio solíamos usar un “calificativo – orden”, para esa gente que se entusiasma con cualquier cosa, que era: ”Pará, Emoción”.
Otra jefa que tengo está obsesionada con los globos y con el color. Así es como se la pasa subida a sillas colgando globos de colores y guirnaldas de papel crepet, mientras pregona: “Hay que poner un poco de color chicos” y se ríe pavotamente, muy satisfecha de sí misma. Pobre, se conforma con tan poca cosa, si un día le pasa algo realmente importante y bueno, tal vez muera por sobredosis de satisfacción, o por miedo.
La jefa superior, la reina abeja del piso donde trabajo, la llama constantemente a la jefa de los globos, para mostrarle, emocionadísima, vanas planillas de excel que calculan la alegría exigua de los oficinistas y los cruza con los números de la quiniela gracias a una macro; Grita su nombre seudo amistosamente y la otra obedece como una babosa amaestrada.
El jefe superior, es algo así como la abeja macho de mi piso, y lo más curioso es que responde exactamente a las características de las abejas machos: es exactamente un zángano. Nadie sabe qué hace, se limita a andar por la vida poniendo cara de bueno empalagoso. Tanto es así que para calificar su trabajo, se llegó a la situación de que su apellido es la explicación de su puesto. O sea, si alguien pregunta: ¿De qué trabaja Gonzáles? Entonces responden: “Trabaja de González”.

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