Rituales
Recuerdo que cuando era chico, me llamaba muchísimo la atención la costumbre de los Oficinistas de llamarse por el apellido: “¿Qué decís Gómez?”; “¿Me preparó el informe de Agosto, Mangiapappinni?”; “Flores me dijo que también viene al partido, Pardutti”.Incluso, con el paso del tiempo (el tema no ha dejado de interesarme) descubrí que muchos jefes tienen la costumbre de pronunciar el apellido del subordinado (qué fea palabra) con un dejo de desprecio, de insolencia podría decirse; detrás de ese, aparentemente, respetuoso trato de “usted” habita un maltrato no tan agazapado.
Quizá (sin ánimo de buscar la respuesta exacta) todo esto radique en que, entre los compañeros de trabajo, no siempre es la amistad el motor del encuentro sino más bien la obligación y que con esa gente, también feligresa de infortunio, siempre existe una barrera que preserva los límites del desconocimiento: en el fondo no dejan de ser usuales desconocidos. En este caso el apellido del otro, se convierte en la forma verbal de esos límites antedichos.
Se me ocurre pensar que esa costumbre, (que nació a mediados del siglo pasado junto con la proliferación de las oficinas), tiene raigambre en la intención subliminal de afirmar la masculinidad rea y cabal que se alababa con fruición en aquellos años de tango y hombría de bien. Aunque también podría tener sus comienzos en una forma de imitar a las clases dominantes (gustosas siempre de llamar por el apellido a sus compadres de alcurnia) por parte de la ascendente clase media de la época. Hoy si se sigue aplicando es como eco de aquellas épocas, más que por otra cosa, porque, indudablemente, los nuevos Oficinistas somos hijos de las generaciones anteriores y guardamos algo de ese ritual de usar el apellido como bandera.
Sin embargo, encuentro que, en mi caso esta costumbre de apellidar la ejercitaba más durante la educación secundaria, que ahora en estos tiempos de tipeador profesional de teclado y de oreja / tacho que es mi profesión. Supongo que será porque he tenido la suerte de que el azar me deparara la suerte de poder juntarme con compañeros que buscan pasarla lo mejor posible, igual que yo.
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