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Cavilaciones

Ponga treinta centavos en la ranura

Dilema vano

Esta es una nota pasatista, lo reconozco. Pero el problema existe en las oficinas y estoy seguro que todos los lectores habrán tenido un caso parecido. Resulta que tengo una compañera del trabajo que es madre primeriza. Tiene una preciosa niña de unos siete meses a la cual ama con locura, lo cual es comprensinble. Sin embargo, y discúlpeseme si peco de insensible, resulta casi un perro de presa cuando te muestra las fotos de la hija (que saca por cantidades industriales). No te deja huir: te muerde los tobillos te tira al piso y, con mirada inocente, te habla, te habla, te habla...y te habla sobre: "la nena hizo esto", "la nena no se ríe", "acá en esta foto está haciendo puchero porque el padre le sacó el chupete". He intentado mil formas de interrumpirla sin parecer un insensible, sin embargo ninguna da resultado. ¿Cómo decirle que no me interesa tanto su hija, mirándola a esos ojos tan tiernos que pone?¿De qué manera decirle que prefiero trabajar antes que escuchar tanta maternidad por boca? Realmente me pone muy contento ver que haya tanto amor en ella, es hasta motivador, sin embargo... Dilemas que abundan en las oficinas, junto con los vasitos de café express, los termos de mate o la radio bajito.

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